Cocina de Vanguardia

Una de las definiciones que he encontrado es esta:

Se conoce como cocina de vanguardia al movimiento que se origina en España en las décadas del 80 y 90, donde reconocidos chefs como Juan Mari Arzak y Ferran Adriá, con productos de alta calidad y tecnología avanzada, logran una revolución culinaria transformando el placer de la buena cocina en un lujo para los sentidos, la cual alcanza su mayor expresión en España.

Me pregunto si la cocina de vanguardia no es la clásica cocina de los sentidos de la que nos hablaban en

“como agua para chocolate”,

en “Chocolat”

y “lo bello y lo triste” Cito textualmente a Kawabata:

[…] Oki comió temprano; alrededor d las cuatro y media. En las cajas encontró una variedad de comidas de Año nuevo, entre las que figuraban unas bolitas de arroz de forma perfecta. Parecían expresar las emociones de una mujer. Sin duda la propia Otoko las había preparado para el hombre que, mucho tiempo atrás, había destruido su tierna juventud. Al masticar aquellos bocaditos de arroz, sintió el perdón de la mujer en su lengua y sus dientes. No, no era perdón, sino amor. […]

Me pregunto si mis comensales son capaces de apreciar el amor y cariño que le pongo a mis “creaciones”.

Últimamente he hecho unas galletas de lavanda. Para ello busque si existía receta, y claro, existía, ¡¡¡no iba yo a inventar algo!!! Busqué lavanda y elegí las flores más bonitas y apetitosas. Desfloré las ramitas, flor a flor delicadamente. Tras preparar la masa de las galletas comencé a añadir aquellas pequeñas y perfumadas florecillas. El color no me convencía y eché alguna florecita más (había recolectado un buen ramo). Bien, el color ya era lo suficientemente intenso y discreto al mismo tiempo. Horneé las primeras galletas con pasión e incertidumbre. La cocina desprendía un olor indescriptiblemente apetitoso. Por fin suenan los 7 minutos y salen las galletas ardiendo. Huelen de maravilla, pero ¿cómo sabrá? Meto la siguiente tanda. Pruebo una galleta, aún caliente, y mmmmm, deliciosa, sabe a lavanda. Me ilusiona haber conseguido lo que buscaba y continúo horneando hasta finalizar la masa.

Una vez tengo todas las galletas elijo las más bonitas y las introduzco en unas bolsitas de celofán. Las cierro con un lazo dorado y una ramita de lavanda “desflorada”. Quedan preciosas y amorosas… ¿habrán sentido en sus bocas, en sus labios, las personas a las que les regalé las galletas, la pasión, la ilusión, la incertidumbre, el orgullo con el que las cociné????

Quizá me lo digan un día. Lo que sí me dijeron es que estaban deliciosas.

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